EL DESEO

No podemos negar la importancia que el deseo tiene en nuestras relaciones afectivo-sexuales pero, ¿qué es el deseo? Siguiendo la definición de la R.A.E. el deseo se define como un movimiento afectivo hacia algo que  apetece. El problema surge cuando hay personas que no saben lo que les apetece o que no les apetece nada.  El deseo es el desencadenante que inicia una relación sexual satisfactoria, por lo que si no tenemos deseo difícilmente podremos tener una vida sexual placentera. El placer y el deseo están estrechamente relacionados. El Deseo Sexual está aliado con las experiencias de placer. El placer vivido crea una  huella emocional que permite el deseo, su recuerdo mantiene el  deseo de repetición.

Sin embargo, debido a la cultura y a la educación recibida las mujeres hemos aprendido a vivir nuestro cuerpo más como un lugar de dolor que como un lugar de placer, de modo que las experiencias sexuales se han visto limitadas e influenciadas por estos modelos culturales y sociales basados en el miedo, la represión y la culpa.  Esta idea de placer hace que desarrollemos actitudes negativas hacia todo aquello que nos lo provoque dejando una huella emocional desagradable que impiden que deseemos, en ocasiones posteriores,  repetir estas experiencias relacionadas con la sexualidad.

Otra de la causas que pueden generar esta falta de deseo es el no haber tenido experiencias placenteras, algo bastante frecuente en la sexualidad femenina, ya que a las mujeres no se nos ha reconocido una sexualidad individual y propia teniendo como consecuencia la carencia y ausencia de estímulos sexuales frente a la variedad de estímulos ofrecidos por la sociedad al hombre. Los hombres han aprendido desde pequeños a pensar en sexo y disponen de más estímulos para ello y este es un aspecto clave para cultivar nuestro deseo.

Por último, consideramos importante destacar la creencia errónea que existe en torno al deseo, es decir, pensar que éste tiene que surgir de manera espontánea y que por lo tanto no hay que buscarlo, sino que aparece en el momento que sea necesario. Esta creencia es un grave error ya que el deseo hay que cultivarlo puesto que de lo contrario desaparece. En una relación sexual nuestra mente debe estar en clave erótica y para conseguir esto es fundamental que sepamos reconocer nuestros deseos y poner en marcha estrategias que nos permitan poder expresarlos y satisfacerlos de un modo gratificante.

¿Qué podemos hacer para alimentar nuestro deseo y cultivarlo? Aquí te damos algunas claves para que las puedas poner en práctica, ¡esperamos que te sean útiles y que  comiences a practicar cuanto antes!

  • Fantasea: déjate llevar por tu imaginación, aquí sólo mandas tú, no te avergüences ni reprimas lo que te excita,  todas las fantasías están permitidas, qué fantasees con lo que quieras no significa que  quieras llevarlo a cabo en la realidad.
  • Conoce tu cuerpo: el autoerotismo provoca experiencias gratificantes y además favorece que desees repetir estas experiencias.
  • Planifica tus encuentros sexuales: lejos de dejarlo al azar, es importante que te pongas de acuerdo con tu pareja para que ambos podáis encontrar momentos de intimidad y satisfacción.  En el ajetreo cotidiano (trabajo, niñ@s, responsabilidades, etc.) si no se planifica difícilmente encontraremos un tiempo para nuestro placer.
  • Prepara el ambiente con los estímulos que más te gusten: es importante que organices tus encuentros sexuales de manera que te resulten excitantes, la planificación hace que tu  mente se ponga en clave erótica. Pero, ¡atención! Primero tienes que descubrir qué es lo que te gusta y eso nadie lo puede hacer por ti.
  • Haz un listado de fantasías y conductas sexuales que te excitan, aunque no se lleven a cabo sólo imaginarlas despiertan tu deseo.
  • Introduce elementos novedosos, la rutina y la monotonía son los peores enemigos para potenciar el deseo.
  • No tienes por qué cambiar de pareja, cambia tus hábitos sexuales, tus prácticas.
  • Por último, ¡no te obsesiones! Respeta tus ritmos y tus tiempos, el deseo no siempre lo vivimos de la misma manera, y se ve afectado por nuestras circunstancias vitales.

INSTITUTO DE SEXOLOGÍA AL-ANDALUS

Elisa Cobos Ortega; Antonio López Delgado; Asunción Coronado Pozo

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